martes 29 de diciembre de 2009

John Paul Keith, "Spills and Thrills"

Se acaba el año y es tiempo de hacer listas de discos favoritos. Personalmente no compro demasiadas novedades y tiro más de reediciones (¡fantásticas las de Chuck Berry, Buddy Holly, Mudhoney, Damned o Beasts of Bourbon!) y abundante material usado. Aún así siempre caen algunas novedades; son pocas pero intensas, y de elegir un disco del año sería sin duda el debut de John Paul Keith and The One Four Fives, "Spills and thrills", ya no por la originalidad de la propuesta, ni por su actitud enrollada, sino por lo contrario, al pinchar el disco la magia se repite una y otra vez, el mismo cosquilleo que se siente al escuchar un gran disco, algo así como asistir a una fiesta con Chuck Berry, Booker T, Gram Parsons, Dave Edmunds o John Lee Hooker como invitados especiales.

Haciendo un poco de historia, John Paul Keith creció en Knoxville, Tennessee al ritmo de viejos LP's de Chuck Berry, Jerry Lee Lewis o Doug Sham. En 1994 formó parte de los V-Roys, un grupo de country-rock protegido por el mismísimo Steve Earle. En 1997 John Paul se mueve a Nashville para formar The Nevers, otra banda que obtiene muy buenas críticas. En 1999 The Nevers se separan y Keith forma junto a Ryan Adams, The Pink Hearts, uno de los múltiples proyectos paralelos del niño terrible Adams. En el 2001 se une a Stateside grabando dos álbumes, de nuevo con excelentes críticas. En el 2005 John Paul deja Stateside y emprende una nueva aventura, se mueve a Memphis, o lo que es lo mismo, una de las cunas del primigenio Rock and Roll, pero también hogar de clásicos modernos como Jack Yarber (Oblivians) o Harlan T. Bobo, con los que toca a menudo por los garitos de la ciudad.

Curiosamente, a pesar de que Keith tiene una trayectoria musical de vértigo, no es hasta este 2009 cuando se decide a publicar su primer disco en solitario con la ayuda de The One Four Fives, o lo que es igual, una de las secciones rítmicas más prestigiosas de la ciudad, con todos sus miembros curtidos en mil batallas. "Spills and Thrills" es como se llama el disco, y dentro de su carpeta a lunares negros y azules, con John Paul Keith y su flamante Telecaster en primer plano, se esconde tímidamente un trozo de plástico negro circular, un objeto inanimado que cobra vida propia al pincharlo en el tocadiscos, y te atrapa a la primera escucha. John Paul es un encantador y entusiasta del Rock and Roll, que hace realidad aquello que decía Lou Reed en 1970 ("A pesar de todas las amputaciones podías bailar con una emisora de Rock and Roll"). No inventa nada nuevo, ni lo pretende, pero tiene el don de apropiarse de estilos clásicos como Rhythm and Blues, Country, Soul, Pop y lo que se le ponga por delante. El disco está grabado en directo en el estudio, como debe ser, y aunque suena con fuerza no te taladra los tímpanos. El mágico esquema de dos guitarras, bajo, batería y órgano se repite, pero también incorpora algún precioso arreglo de Pedal Steel en los temas más country.

Las doce canciones de "Spills and Thrills" no tienen desperdicio. Suena "Lookin' for a thrill" y sin duda Dave Edmunds y Nick Lowe te guiñarían el ojo puesto en el pop de toda la vida. "Pure cane Sugar" es un nervioso Rock and Roll donde riffs de guitarra juguetean con un piano escuela Jerry Lee Lewis. "Secondhand heart" resucita el espíritu de la Sun Records con ese aire entre Country y Doo Wop. "She'll dance to anything" esta hecha para bailar hasta que salga el sol y tus tobillos no aguanten más; me encanta ese beat de batería con cierto toque latino que trae a la memoria la clásica "Watch your step", y enorme el solo que se marca John Paul. En "Cookie bones" la banda no disimula su admiración hacia Booker T. and the MGs, que como no podía ser de otra forma, el teclista Al Gamble se lleva el gato al agua, y para cerrar la primera cara del disco, "Let's get gone" es un Boogie que levantaría al mismo John Lee Hooker de la tumba.

Al dar la vuelta a "Spills and Thrills" uno se pregunta si el nivel se mantendrá. Las dudas se disipan cuando suena "Smoke in a bottle" que inmediatamente trae a la cabeza a los primeros Flamin' Groovies, aquellos que nos hicieron vibrar con el maravilloso "Supersnazz". Más pedal Steel y más country con "Otherwise", toda una delicia interpretada a la manera del sonido Nashville con una fuerte sensibilidad pop que es bienvenida. Los corazones rotos también están invitados a esta fiesta, y a continuación suena una preciosa balada llamada "Rock and Roll break your heart" que literalmente pone los pelos de punta. "If i were you" es lo más enérgico del lote, puro Pop, puro Reigning Sound, puro beat, puro optimismo; sencillamente una canción perfecta. Suena el rasgueo de una guitarra, canta John Paul y al poco entra toda la banda en su plenitud con "Too hip", un gran tema Rhythm and Blues hecho para bailar, beber y amar sin importar el orden. Esto se acaba, pero todavía no te quites los "zapatos de gamuza azul" y déjate llevar por ese "Doin' the devil's work" que renueva el lado más festivo del Rock and Roll, que nunca debería perder.

Después de este gran trabajo, solo pido un deseo a los reyes magos, encabezados por Chuck Berry: Que John Paul Keith y el resto de la banda se dejen caer por tierras españolas.

sábado 7 de noviembre de 2009

The Clash, "At Shea stadium"

Estamos en 1982, los Clash actúan en el Shea Stadium de Nueva York ante miles de personas. Si a mediados de los 70 a Mick Jones, Joe Strummer y compañía les hubieran dicho que iban a llegar tan lejos no se lo creerían. Atrás quedaron los viejos tiempos de The 101'ers y London SS, una época rebosante de ingenuidad, comunas "squatters" en el corazón de Londres y mucha música. Folk y Rock and Roll clásico, pero también proto punk directo a la vena (MC5, Stooges, Deviants), y en el medio de todo ese vaivén, el Pub Rock tan en boga en 1975.

Los Clash fueron de los grupos más longevos de su generación, mientras que muchos de los grupos punk que surgieron como una exhalación se quemaron con la misma rapidez que una moda pasajera, Los Clash crecieron y experimentaron con diversas texturas musicales. Fueron grandes, incluso sus momentos más bajos son enormemente disfrutables, siempre con esa impronta tan personal que les hace únicos. The Clash grabaron un puñado de discos que cambiaron el curso de la música, fueron comprometidos, vibrantes y siempre arriesgados. La magia duró de 1976 a 1986, pero según algunos tuvieron que haberlo dejado antes. Quizás en sus últimos años fueran engullidos por los conflictos internos y personales, pero sobre todo por su propio éxito. Aún así su carrera fue brillante como pocas.

Volviendo a aquél 12 de octubre de 1982, The Clash compartieron cartel con David JohansenNew York Dolls) y The Who. En el mismo día coincidían 3 de los máximos exponentes de la música Punk en distintas épocas. The Who hacia mediados de los 60 arrasaron el sistema a golpe de feedback y melodía, New York Dolls a principios de los 70 aportaron maquillaje y guitarras asesinas y The Clash en la segunda mitad de los 70 pasión y compromiso. Aquél día los Clash se jugaban mucho, conscientes del numeroso publico, guapos y famosos incluidos, tenían que salir a por todas. Probablemente estuvieran nerviosos, se jugaban su prestigio al otro lado del Atlántico y debían apartar sus diferencias y fricciones internas, sencillamente tenían que funcionar de nuevo como una banda unida, y vaya si lo consiguieron.

Tras la introducción de Kosmo Vinyl, Joe Strummer suelta un "Welcome to the Casbah club", y a partir de ahí el grupo arroja un tema tras otro como si el tiempo no hubiera pasado, como en los viejos tiempos pero con la experiencia que da los años. El repertorio fue de lo más acertado, se trata de una generosa selección de algunos de sus mejores temas desperdigados por todos sus discos. Abren con un incendiario "London Calling" que es pura anfetamina a punto de explotar, Strummer presenta a Mick Jones para cantar "Police on my back", el estadio se viene abajo en una ovación única. Paul Simonon relaja los ánimos con los aires reggae de la fantástica "Guns of Brixton". De nuevo Joe Strummer se arranca con "Tommy gun", un single perfecto con categoría de himno. Quién piense que el rap y el hip-hop son incompatibles con el Punk-Rock ahí está "Magnificent seven" para rebatirlo, que empalma con un brillante "Armagideon time" de ascendencia Reggae.

Le damos la vuelta al disco y nos encontramos con "Rock the Casbah", un digno ejemplo de lo que debería ser la música disco según los Clash. A partir de ese momento la temperatura sube tema a tema y minuto a minuto hasta el final. "Train in vain" es el maravilloso tema oculto de "London Calling", que curiosamente es el de más proyección comercial; canta Mick Jones, y como no podía ser de otra manera la banda suena como un cañón pero sin perder los matices originales de la obra de estudio. "Career of oportunities" regresa a los tiempos del glorioso primer disco, con una versión convincente y llena de mala uva, donde pagan la deuda a los Ramones. "Spanish boms" de "London Calling" la odié la primera que la escuché, pero con el tiempo me fue atrapando, y la versión aquí interpretada no es ninguna broma, las guitarras crujen y al grupo se le nota que se mete de lleno en el tema. "Clampdown" pertenece de nuevo a su disco más celebrado ("London Calling"), y añade textura punk a toda esa fantástica colección de canciones. La versión presente es simplemente fantástica y queda propulsada por un comunicativo Joe Strummer. "English civil war" es otro encabritado himno punk incluido en su segundo álbum, y volviendo al estadio Shea, el grupo lo resucita de entre los muertos gracias al buen hacer de Mick Jones como guitarrista solista. Para concluir The Clash cierran con ese rompe-pistas cervecero que es "Should i stay should i go", con Jones y Strummer repartiendo "versos" y guitarrazos a diestro y siniestro, y de despedida, que mejor que hacerlo con "I fought the law", de ese chico tejano muerto en los 60 en extrañas circunstancias llamado Bobby Fuller, y como no, la versión aquí incluida no tiene fisuras, con ese respeto por el Rock and Roll clásico y esa clase innata que posee de la banda, y nunca mejor dicho.

"Police on my back" uno de los momentos iniciales y mejores del álbum


jueves 22 de octubre de 2009

NRBQ, "Ridin' in my car"

NRBQ es uno de esos grupos al que tengo un cariño especial. Detrás de un grupo de culto seudo minoritario se esconden unos gigantes admirados por gente como Dylan, Paul McCartney o Keith Richards. Pero eso es lo de menos, lo importante son sus discos, cada uno de ellos una pequeña obra maestra del gran libro del Rock and Roll. Son discos que ganan enteros con el tiempo, con esa excepcional heterogeneidad y mestizaje característico. En sus discos cabe de todo: Country, Blues, Rock and Roll, Beatles, Sun Ra y cualquier estilo que se te pueda ocurrir, simplemente lo absorben todo para construir algo propio y original

Dice la leyenda que en los conciertos son capaces de tocar cualquier canción que se les pida y salir siempre bien del paso, nunca tienen una lista de canciones fija, es más, ni siquiera tienen lista, lo suyo simplemente es tocar y tocar. Los NRBQ son geniales, desde 1967, aunque sea en la sombra, llevan extendiendo su genialidad por el mundo en forma de pequeñas grandes canciones y discos maravillosos.

Discos como Scraps, Workshop, All Hopped Up o At Yankee Stadium los llevo en el corazón, pero si tuviera que elegir una canción suya me quedaría con “Ridin’ in my car”. Es “la canción”, simplemente perfecta, todos los detalles son una delicia: percusión, arpegios y el magistral solo de guitarra, la voz solista y los preciosos coros, y ese tímido teclado que llena de belleza hasta el rincón más oculto de la canción, y todo sin sonar ampulosos, no hay secretos, simplemente pura maestría y esa capacidad imnata, al alcance de muy pocos, de dar con la canción perfecta.

Gracias a Terry Adams y sus muchachos por los excelentes momentos que nos hacen pasar con sus discos, y recuerdos especiales a Steve Ferguson, tremendo guitarrista original de la banda que por desgracia ya no está entre nosotros.